Poner precio es la decisión que más plata mueve en un negocio pequeño, y casi siempre se toma «a ojo» o copiando al de al lado. Aquí está cómo se hace bien, sin fórmulas raras.
Primero: cuánto te cuesta de verdad
No es lo que pagaste por el producto. Es eso más todo lo que hizo falta para tenerlo listo para vender: transporte, empaque, la merma de lo que se dañó, la comisión de la pasarela si vendes en línea.
Si compras a 10.000, el transporte te sale a 500 por unidad y se te daña una de cada veinte, tu costo real no es 10.000: es más de 11.000.
Segundo, y aquí está el error más caro
Margen y recargo no son lo mismo, y confundirlos te deja corta cada vez.
Si tu costo es 10.000 y le sumas 30%, vendes a 13.000. Pero tu margen no es 30%: es 3.000 sobre 13.000, o sea 23%.
Para tener un margen del 30% de verdad, el precio no se saca sumando: se saca dividiendo.
precio = costo ÷ (1 − margen)
Con 10.000 de costo y un 30% de margen: 10.000 ÷ 0,70 = 14.286.
Esa diferencia de 1.286 pesos por unidad, en mil unidades al mes, es más de un millón que se estaba quedando en el aire.
Tercero: ¿ese margen te alcanza?
Un margen bonito no sirve si no cubre tus gastos fijos. La prueba es rápida:
Divide tus gastos fijos del mes entre tu margen. Eso es lo que tienes que vender para no perder. Si tus gastos son 4 millones y tu margen es 23%, necesitas vender 17,4 millones. Con margen del 30%, bajas a 13,3.
Siete puntos de margen te cambiaron la meta en cuatro millones.
Y una última cosa
Subir el precio casi siempre rinde más que vender más. Un 8% de aumento de precio deja más utilidad que un 20% más de ventas, y no exige comprar más, ni contratar, ni trabajar más horas.
En Contiz apuntas tu costo y tu precio y él te dice el margen real —el de verdad, no el recargo— y cuánto tienes que vender para no perder. La cuenta la hace el motor, no una IA, así que el número es exacto.
Puedes probarlo con un solo producto y ver si el precio que tienes puesto te está alcanzando.