Contiz lo hace ZENIT INNOVATIA, desde Santa Marta, Colombia. Construimos una sola cosa: contabilidad que un dueño de negocio pueda llevar sin tener un contador al lado.
Detrás del producto hay una persona, no un anónimo: Michelle Caballero Chávez, fundadora y responsable de Contiz. Si algo del sistema no cuadra, hay a quién preguntarle.
La mayoría de los negocios pequeños de Colombia y Panamá no tienen contador de planta. Tienen a alguien que revisa cada tanto, o no tienen a nadie. Mientras tanto el día a día se anota en un cuaderno, en notas del teléfono o en la cabeza — y cuando llega el vencimiento hay que reconstruir tres meses de memoria.
El software contable que existe está hecho para quien ya sabe contabilidad: pide una cuenta del PUC, un centro de costo y un tipo de comprobante antes de dejarte anotar que vendiste unos almuerzos. Contiz está hecho al revés. Tú cuentas lo que pasó con tus palabras y el sistema decide dónde va.
Esta es la regla que gobierna el producto entero, y conviene decirla antes de que la pregunten:
Lee lo que escribes o el documento que subes y decide qué operación es. Eso es lo que hace bien un modelo de lenguaje: entender.
Las cifras, los impuestos y la partida doble los hace un motor determinista. Un asiento que no cuadra no se guarda. Un error de redondeo de un modelo sería un error contable.
Lo que el asistente propone te lo muestra para que lo confirmes, y lo registrado se puede deshacer. Tus libros no se mueven sin que tú digas que sí.